Rafael Vidal. ¿De qué están hechos los héroes?.

Toda persona nació para dejar la huella, pero lo importante es que esa huella nazca en otros. Rafael Vidal

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En las historias de ficción, la mayoría de los héroes y superhéroes obtienen sus poderes o virtudes a partir de eventos puntuales o críticos de su vida, que normalmente se conocen en el inicio de la trama. Peter Parker (el hombre araña) obtuvo sus superpoderes después de ser picado por un arácnido radiactivo, aunque realmente se convirtió en héroe después de la muerte del tío Ben, en manos de un ladrón. El tío Ben fue quien, en la historia de Marvel, le enseñó la frase “Con grandes poderes vienen grandes responsabilidades”.  En interesante distinguir un elemento común, cuando hablamos de héroes tanto en la ficción como en la vida real, que radica en el hecho de que los superpoderes o habilidades del individuo están separados de la forma como se usan los mismos, o las motivaciones detrás de las acciones del individuo. A lo segundo se le conoce como el carácter de la persona. Esto es lo que distingue a un héroe de una persona normal o de un villano, tanto en la ficción como en la realidad.

Rafael Vidal fue el primer venezolano en ganar una medalla olímpica en una disciplina de natación. Específicamente la medalla de bronce en 200 metros mariposa durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Rafael Vidal no fue un superhéroe, no tenía superpoderes, ni mucho menos fue mordido por un tiburón radio activo para convertirse en un campeón olímpico.  Rafael Vidal es el claro ejemplo de cómo se hacen los héroes deportivos y de cómo se forma un modelo de ciudadano.

Rafael Vidal nació en Caracas el 6 de enero de 1964, comenzando en el mundo de la natación desde los 7 años como una manera de estimular el apetito en el niño Rafa, quien no parecía ser buena boca. Hasta los 10 años compartió su tiempo de niño entre la natación y el judo, cuando un día percibiendo su potencia, su primer entrenador, Andrés Alvarado, lo conminó a decidir entre los dos deportes.   Desde sus inicios, Rafael parecía entender que no disponía de la complexión física ideal para el nado competitivo, y le tomó un tiempo para lograr destacar entre sus pares, una fuerza interior lo llevó a trabajar desde muy joven en su condicionamiento y técnicas con una disciplina y enfoque que lo distinguían del nadador promedio. Un día a las seis de la mañana, Carlos Guevara un compañero de piscina encontró a Vidal ejercitando sus brazos con una barra desde muy temprano, se le acercó y le preguntó: “ ¿Rafa, porque le echas tanta bola?  A lo que el chamo Vidal Respondió: “ Es por el concepto del deber” años después, Carlos Guevara como entrenador y de 56 años afirmó “¡Cómo ese carajito decía esa vaina!”

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La rutina de Rafael Vidal desde los 13 años comenzaba a las 5:30 de la mañana más dos horas de entrenamiento en la tarde cuatro veces por semana, lo que equivale a 1824 entrenamientos que ocuparon un poco más del 70% de su tiempo libre, durante la adolescencia, si se descuentan las horas promedio de clases y de estudio. Rafael se graduó de bachiller con excelentes calificaciones lo que le permitió obtener una beca para estudiar en los estados unidos y completar el entrenamiento que lo llevó la medalla olímpica y a graduarse Summa Cum Laude en Administración de empresas, todo esto a los 20 años.

Todos estos éxitos no los logró solo, Rafael Vidal entendía que la parte de su éxito se lo debía al apoyo de su familia y en la confianza que se había ganado de sus entrenadores dentro y fuera de Venezuela. Rafael hablaba de reconectarse con la gratitud,  lo que esbozaba un principio de humildad que muchos reconocían en su personalidad.

Como hablamos al principio, la complexión física de Vidal no parecía ser la ideal para la natación olímpica, donde la altura y la extensión de los brazos pueden proveer una ventaja competitiva.  En la final de la competencia de mariposa de las olimpiadas de 1984, el favorito era el alemán Michael Ross quien era 20 cm más alto, quien tenía una extensión abrazos de 225 centímetros. Sin embargo, Vidal contaba con un poder que había desarrollado durante todos esos años de sacrificio y práctica y acondicionamiento físico, el poder de la concentración, el enfoque y la determinación, como dijo en una entrevista “El silencio es mi refugio”“Mi consciencia centrada en mi respiración y mi cuerpo abandonado a sí mismo, le permitirán a mi mente apagar poco a poco el estruendoso bullicio del pensamiento hasta llegar al silencio”.  Esta capacidad constituyó el complemento al esfuerzo de tanto año aunado a motivación de llevar una medalla a su padre a quien se la había prometido en su lecho de enfermo de cáncer terminal. Rafael Vidal logró la medalla de bronce en un final de infarto llegando a 11 centésimas de segundo de alemán Michael Gross y a 47 centésimas de segundo del Australiano Jon Sieben, quien ganó la medalla de oro. Si lo pensamos un poco, 41 centésimas de segundo debe ser el tiempo que requiere dar una fracción de brazada en la piscina.

Después de ganar el bronce en Los Ángeles, Rafael Vidal comenzó una nueva etapa donde  su norte se enfocaba en transmitir las claves de su éxito a las nuevas generaciones como comentarista deportivo y motivador, también dictaba talleres, charlas de capacitación y adiestramiento organizacional para empresas. Rafael tenía la convicción, desde muy joven, de que la energía para lograr el éxito venía de su interior y que esa energía era necesario desarrollarla a través de la meditación, la respiración y la reflexión. Escribió un libro de corte metafísico titulado “Los sellos secretos” y también escribió un ensayo, durante un momento crítico de la historia reciente venezolana en el año 2002, titulado “La revolución del individuo”, invitando a los venezolanos a prepararse en el interior para encontrar solución de los problemas. En su plan de vida estaba escribir y motivar para el progreso en Venezuela, desde la perspectiva del crecimiento personal.

 

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Rafael Vidal falleció a los 40 años, en un desafortunado accidente de tránsito el 12 de febrero del 2005. En su nombre se celebra cada año en esa misma fecha un evento denominado “Un millón de metros por Rafael Vidal”. Donde cientos de personas nadan en múltiples piscinas del mundo hasta alcanzar un millón de metros, y así recordar la vida de un grande, llamado Rafael Vidal.

Rafael Vidal nos dejó el deseo de superación, la constancia, la búsqueda de lo mejor dentro de nosotros mismos, en fin, algunos de los “materiales” que son necesarios para hacer a un héroe.

Algunos enlaces que pueden servir para que alimentes tu curiosidad:

Nadando en los misterios de la vida y la muerte

La Revolución del Individuo Por: Rafael Vidal (2002)

En video


Bibliografía

Abreu, Andrés, Aranaga, Iván. Rafael Vidal, el Príncipe de la natación. Trabajo de Grado, mención periodismo. UCAB, 2014

“Copyright (c) Francisco Alcalá – All Rights Reserved.”

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